Batalla del Estrecho de Dinamarca

Desde el Tratado Naval de Washington hasta el final de la segunda guerra mundial.

Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Karl Heidenreich » 19 Jun 2009, 16:34

Primero quiero hacer énfasis en que el origen del artículo que a continuación expongo no es mío sino producto de las investigaciones que otras personas han llevado a cabo como José Rico y Antonio Bonomi. La idea del artículo es exponer en español lo que generalmente se encuentra en inglés. Sin embargo la redacción final la lleve a cabo yo.

A continuación:

LA BATALLA DEL ESTRECHO DE DINAMARCA


La Batalla del Estrecho de Dinamarca es uno de los episodios más breves pero al mismo tiempo uno de los más famosos de la Historia Naval de la Segunda Guerra Mundial. Esto por cuanto ha capturado la atención de historiadores, escritores así como también la imaginación de miles de lectores y aficionados a la historia militar. La aventura del acorazado alemán Bismarck y la tragedia del crucero de batalla británico Hood, y por consiguiente lo acontecido en esta particular batalla, ha sido objeto de la publicación de decenas de libros, cientos de artículos en revistas, de la producción de documentales, investigaciones submarinas y hasta de películas de acción. Pero no así en nuestro idioma español, por lo que el objetivo de este artículo es abordar este acontecimiento y estudiarlo.


Antecedentes y contexto del combate naval conocido como del Estrecho de Dinamarca

Para poder entender ambas, la misión que desempeñaba el acorazado Bismarck como la del crucero de batalla Hood en mayo de 1941, es importante retroceder en el tiempo hasta la Primera Guerra Mundial. Al finalizar ésta el Imperio Alemán debió rendir su flota a los aliados quienes les ordenaron a éste que la internarse en la base naval británica de Scapa Flow, en las Islas Orcadas al norte de Escocia. Alemania, que había poseído la segunda flota de guerra del mundo, terminó dueña tan sólo de un par de envejecidos acorazados mientras que Inglaterra se erguía como ama y señora de los mares. La flota alemana acabó por ser hundida por sus propios tripulantes que, temerosos que la misma cayera en manos de sus antiguos enemigos, decidieron salvar el honor de la Marina Imperial Alemana con tal acto.
Conforme Alemania dejó, poco a poco, de lado las rigurosas condiciones del Tratado de Versalles su nuevo líder, Adolf Hitler, comenzó el rearme de su nación para volver a colocar ésta como una superpotencia continental europea. Siendo Alemania eso, una potencia continental, y Hitler un antiguo miembro de la infantería alemana, el énfasis de este rearme fue en las unidades del ejército terrestre y, asimismo, en una nueva arma que apoyaría a estas tropas: la fuerza aérea o Luftwaffe al mando de Herman Goering. La marina, o Kriegsmarine, que era la “hermana menor” del nuevo rearme alemán quedó al mando del Almirante Eric Raeder. Goering quien tenía el favor de Hitler era adverso a cualquier inversión importante en la marina por considerar que la misma había sido, en gran parte, culpable de la derrota alemana en 1918.
Sin embargo Raeder y sus colaboradores lograron convencer a Hitler que si Alemania se expandía iba a tener una amplia zona costera que debía ser defendida y, para ello, era necesaria una marina de guerra.
La marina, a su vez, se dividía en dos escuelas que, aunque propugnaban un mismo objetivo: vencer un potencial bloqueo naval que sus enemigos podían establecer en su contra. Sin embargo no concordaban en los medios para vencer este bloqueo. Raeder y sus cercanos colaboradores sostenían que Alemania debía construir, de nuevo, una gran flota de acorazados para desafiar, eventualmente, a Inglaterra. Por otro lado un grupo de oficiales liderados por Karl Doenitz apoyaba la idea de que Alemania debía enfocar sus esfuerzos en la construcción de una numerosa flota de pequeños submarinos denominados U-Boats con tal de vencer por atrición a sus potentes enemigos. Siendo Raeder el comandante de la Kriegsmarine se procedió a adoptar un plan ambivalente en el que se iba a contar con una flota de submarinos y, asimismo, con el Plan “Z” o sea, una flota de modernos y gigantescos acorazados. Estos grandes buques de guerra llegarían a ser los nunca construidos acorazados H, que desplazarían desde sesenta mil toneladas y estarían armados con cuatro baterías principales dobles de dieciséis pulgadas.
En este proceso Alemania comenzó la construcción de sus primeros buques capitales que estaban, en origen, regidos por las restricciones no sólo de Versalles sino de las Conferencias de Londres y Washington, que limitaban seriamente la construcción de navíos militares, especialmente para Alemania. Estos primeros buques fueron los denominados “acorazados de bolsillo” como el Admiral Graf Spee, el Deutchland y el Admiral Scheer. En realidad éstos buques no eran más que cruceros pesados de doce mil toneladas armados con baterías principales de once pulgadas. Posteriormente el desarrollo naval alemán prosiguió con la construcción de buques denominados “Los Gemelos” que eran el Schanhorst y el Gneisenau. Muchos han clasificado estos buques de treinta y cinco mil toneladas de desplazamiento y cañones principales de tan sólo once pulgadas como cruceros de batalla aunque el acuerdo general es que eran “pequeños” acorazados rápidos. Un crucero de batalla compartía con los acorazados su origen como navío del tipo “dreadnought”, o sea un gran barco blindado con batería monocalibre pero, aunque contaba con un armamento similar y en ocasiones superior, carecía del mismo volumen de coraza que sus “hermanos” acorazados, lo que los hacía más rápidos. En este proceso los últimos dos grandes navíos construidos por los alemanes antes del estallido de la guerra en septiembre de 1939 fueron los acorazados de la Clase Bismarck: el propio Bismarck y el Tirpitz. Éstos eran los más modernos buques “dreadnought” para el momento en que fueron botados al agua contando con un batería principal de cuatro torretas dobles con cañones de quince pulgadas y desplazando cincuenta mil toneladas a plena carga, de las cuales un alto porcentaje estaba destinado a un sofisticado sistema de blindaje.

Aunque suena impresionante resulta ser que el inicio de la guerra tomó a Raeder desprevenido porque su Plan “Z” y su flota no estarían listos sino hasta un punto entre 1944 y 1946. Por su parte Inglaterra contaba con docenas de acorazados, cruceros de batalla, cruceros de todo tipo y, peor aún, de portaviones. Alemania sólo tenía dos acorazados sin comisionar aún, ningún crucero de batalla, dos acorazados rápidos, tres acorazados de bolsillo, tres cruceros pesados de la clase Hipper y su único portaviones, el Graf Zepellin, nunca llegó a ser operacional. Inglaterra tenía, asimismo, una ventaja de diez a uno en lo que a navíos pequeños se trataba: destructores, lanchas torpederas, barreminas, etc. Igualmente, por dedicar esfuerzos y materiales en la construcción de estos acorazados la flota de U-Boats de Doenitz tampoco estaba totalmente preparada.
Alemania inició la guerra, pues, con una desventaja naval que, con el paso de las acciones bélicas, no hizo más que hacerse abismal. A lo más que Alemania podía aspirar era al intento de tratar de bloquear a Inglaterra de todo comercio y suministro de materias primas, víveres, municiones y armas de fuera del continente europeo, especialmente de Canadá y Estados Unidos. Esto suponía un bloqueo de las rutas marítimas del Atlántico, tarea que recayó en los pocos submarinos y en los “corsarios” como se le denominó a los acorazados de bolsillo Graf Spee, Deutchland y Scheer así como en los cruceros auxiliares, que eran navíos comerciales disfrazados que contaban con armamento y atacaban presas incautas y solitarias en el Atlántico Sur.
Sin embargo el Atlántico Norte era la principal arteria de abastecimiento británica y los buques aliados navegaban por éste en convoys protegidos por la Marina Real inglesa. La mejor oportunidad que tenían los alemanes era la de atacar sorpresivamente estos convoys con sus U-Boats o, si la coordinación era precisa, con “los Gemelos”. Tanto el Schanhorst como el Gneisenau se convirtieron en una amenaza aterradora para los convoys enemigos. Entre enero y marzo de 1941 estos navíos hundieron gran cantidad de barcos de transporte británicos, totalizando entre éstos ciento veintidós mil toneladas, y causando serios problemas al sistema de convoys aliado. Sin embargo “los Gemelos” contaban sólo con baterías de once pulgadas y no eran capaces de atacar convoys custodiados por acorazados o cruceros de batalla con cañones de catorce, quince o dieciséis pulgadas: esa era misión para un navío más poderoso.

El Ejercicio Rhin

Raeder creyó tener cómo resolver este problema: ideó un plan llamado Ejercicio Rhin o “Rheinubung” según el cual los recién comisionados Bismarck y Tirpitz zarparían acompañados por el crucero pesado Prinz Eugen desde el norte de Europa al mismo tiempo que “los Gemelos” lo harían desde los sureños puertos de la Francia Ocupada, creando así una pinza en el Atlántico Norte que estrangularía a Inglaterra al destruir su sistema de convoys. El Bismarck y el Tirpitz estarían a cargo de entrar en combate con los grandes navíos de escolta británicos, amarrándolos en acción defensiva, mientras que el Prinz Eugen, el Schanhorst y el Gneisenau se encargarían de hundir los transportes. El plan, en principio era muy bueno.
Sin embargo Raeder estuvo siempre en desventaja puesto que cuando el Bismarck se encontró listo y preparado para la misión ya el plan, como tal, había fracasado.
El Bismarck, al mando de su capitán Ernst Lindemann, realizó sus últimas pruebas marineras en el Mar Báltico, lejos de la interferencia de la RAF o Fuerza Aérea Real británica y su puerto era Gotenhafen, hoy en día Gdinia en Polonia. Ahí fue repostado para “Rheinubung” junto a su acompañante el Prinz Eugen, un crucero pesado de diecinueve mil toneladas y cuatro baterías dobles de ocho pulgadas. Sin embargo el acorazado Tirpitz, para abril y mayo de 1941, no llegó a estar preparado: le faltaban las pruebas marineras y tácticas que el Bismarck recién había completado. El Alto Mando Naval Alemán no permitió, entonces, que el Tirpitz se uniera a “Rheinubung”. La pinza norte se encontró seriamente limitada con la ausencia del Tirpitz, pero fue la pinza sur del plan la que tuvo problemas aún más serios cuando ambos “Gemelos” quedaron dañados por el enemigo y fuera de acción por un largo tiempo en los puertos franceses.
Raeder tenía ante sí varias alternativas que representaban ventajas y desventajas, como lo era, por un lado, el esperar a que el todavía más nuevo Tirpitz estuviese listo unos meses más tarde y, posiblemente, coincidiera su puesta a punto con la reparación de “los Gemelos” e intentar el plan de pinzas original. Sin embargo, parece que sopesó, los ingleses ya estaban recuperándose de la última salida de “los Gemelos” y esperar tiempo adicional sería invitar a que se fortalecieran aún más. “Rheinubung”, decidió, se llevaría a cabo únicamente con la sección norte de la pinza y sólo con dos navíos: el Bismarck y el Prinz Eugen.
Para dirigir la misión Raeder escogió al veterano Almirante Gunther Lutjens quien había mandando a “los Gemelos” en su última y exitosa misión. Sin embargo Lutjens, desde un principio, fue pesimista en cuanto a toda la operación y sostenía que moriría en ella.

El domingo 18 de mayo de 1941 el Bismarck y el Prinz Eugen zarparon de Gotenhafen dando inicio a “Rheinubung”. La idea principal de toda la misión era el sigilo, según el cual ambos barcos deberían pasar desde el Báltico por el Mar de Noruega hasta irrumpir en el Atlántico sin ser detectados por el enemigo: la primer noticia que los británicos tendrían de los alemanes sería cuando algún convoy fuera hundido sin misericordia en medio del océano. A los dos días de iniciada la misión los barcos alemanes cruzaron el Estrecho de Kattegat entre Suecia y Dinamarca, en pleno día, y fueron avistados por el crucero neutral sueco Gotland. El capitán del Gotland dio el parte respectivo al almirantazgo de su país donde un oficial afín a la causa aliada informó a la inteligencia británica. La premisa principal de “Rheinubung” se había perdido. La decisión del almirante Lutjens de hacer la travesía por el Kattegat de día, en lugar de hacerlo en la oscuridad o pasar a mar abierto por el Canal de Kiel, ha estado sujeta a fuerte crítica por los historiadores navales y expertos en el tema.
El 21 de mayo, mientras los británicos se aprestaban para afrontar la amenaza que representaba el escuadrón alemán, el Bismarck se dirigió a Grimstadfjord en Noruega donde echó ancla esperando una buena oportunidad para salir por sorpresa. El Prinz Eugen repostó combustible durante su estadía en Noruega en tanto que el Bismarck, que no tenía sus depósitos llenos debido a un problema de abastecimiento en Gotenhafen, no aprovechó para hacer lo mismo. Esta otra decisión de Lutjens ha sido, asimismo, duramente criticada.
Los ingleses despacharon varios aviones de reconocimiento con el fin de tratar de localizar a los alemanes y, a la 1: 35 de la tarde de ese 21 de mayo, un caza Spitfire del Comando Costero hizo contacto. De inmediato se coordinó un ataque con bombarderos para dañar o destruir al temido enemigo, sin embargo los navíos alemanes zarparon a las 8 de la noche de ese día y los bombarderos nunca los encontraron donde se les reportó.
Lutjens ordenó al capitán Lindemann tomar curso de cero grados, hacia el norte, paralelo a la costa noruega, el cual siguieron gran parte del 22 de mayo hasta las 6 de la tarde, hora en que cambiaron rumbo a 311 grados, luego a 266 grados y a las 4 de la mañana del 23 de mayo a 250 grados con una velocidad de 27 nudos. Durante esta fase de la travesía los alemanes estaban rodeando Islandia desde el norte, pasando por el estrecho que existe entre esta isla y los hielos permanentes que bordean Groenlandia por el sureste. A esta zona se le conoce como el Estrecho de Dinamarca. Hacia las 6 de la tarde del 23 de mayo Lutjens ordena curso a 240, o sea hacia el suroeste con el fin de salir al día siguiente del Estrecho de Dinamarca hacia el Atlántico Norte e iniciar su misión de interceptar los convoys aliados.


Reacción británica y la misión del Hood

Los británicos, como ya se sabe, habían sido puestos en alerta de la travesía del Bismarck por el avistamiento que tuvo el Gotland y, posteriormente, por reportes de la resistencia Noruega.
Para contrarrestar esta amenaza los británicos tenían a su disposición la Home Fleet, que era la flota destacada para defender las rutas del Atlántico Norte. La base de ésta flota no era sino Scapa Flow, la misma donde fue internada la Flota Imperial Alemana al final de la Primera Guerra Mundial, y su comandante era el almirante Sir John Tovey. El buque insignia de Tovey era el nuevo acorazado King George V, de cuarenta y cuatro mil toneladas de desplazamiento a toda carga y diez cañones de catorce pulgadas. La Home Fleet contaba, en Scapa Flow, con los siguientes navíos aparte del King George V: el crucero de batalla Repulse y el portaviones Victorious además de cinco cruceros ligeros y seis destructores. Además de esta fuerza Tovey tenía a sus órdenes a la fuerza del almirante Sir Lancelot Holland que contaba, además del famoso crucero de batalla Hood de cuarenta y nueve mil toneladas a plena carga y con batería principal de cuatro torretas dobles de quince pulgadas (igual que el Bismarck), con el todavía más moderno acorazado Prince of Wales, gemelo del King George V, y seis destructores. La Home Fleet no terminaba ahí: Tovey tenía a su disposición a la Patrulla de Islandia con los cruceros pesados Norfolk y Suffolk al mando del almirante William Wake-Walker y, también, a la Patrulla del Paso de Islandia-Islas Faroes de tres cruceros ligeros. Por otro lado los siguientes grupos de combate estaban asignados en misiones específicas en el Atlántico Norte y bajo el mando de Tovey: el acorazado Rodney con cuatro destructores escoltando al trasatlántico Britannic (gemelo del famoso Titanic), el acorazado Ramillies escoltando el convoy HX-127, en ruta desde Halifax el acorazado Revenge y al noreste de las Azores dos cruceros. Como corolario de este poderío la Marina Real tenía en Gibraltar la Fuerza H con el crucero de batalla Renown, el portaviones Ark Royal, un crucero ligero y seis destructores así como la Cuarta Flotilla de Destructores con seis unidades, el crucero pesado Dorsetshire escoltando al convoy SL-74 y una fuerza de ocho submarinos.
En resumen a un acorazado y un crucero alemanes los ingleses podían oponer cinco acorazados, tres cruceros de batalla, dos portaviones, cuatro cruceros pesados, diez cruceros livianos, veintisiete destructores y ocho submarinos. Sin embargo los alemanes tenían la ventaja de que podían escoger cuándo y por dónde salir al Atlántico, ya fuera por una de tres salidas: el paso entre las Islas Shetland y las Faroes, el de Islandia-Faroes y el Estrecho de Dinamarca entre Groenlandia e Islandia.
Ante esta situación Tovey había despachado a Holland con el Hood y Prince of Wales junto a sus destructores a Islandia en tanto sus propias fuerzas las conservó en Scapa Flow. Los cruceros de las fuerzas de Wake-Walker patrullarían el Estrecho de Dinamarca por un lado mientras los cruceros de Islandia-Faroes vigilarían el otro paso. En el momento en que los cruceros avistaran al escuadrón enemigo ya fuera por cualquiera de esas salidas serían enviados en su contra las unidades pesadas más cercanas: Holland por el Estrecho de Dinamarca o el mismo Tovey en el caso de Shetland-Faroes o Islandia-Faroes.

Ese era el balance de fuerzas que se enfrentarían. Desde el 20 hasta el 23 de mayo Tovey y sus oficiales esperaban noticias de sus patrullas, atentos a la alerta para zarpar, combatir y destruir al Bismarck. Entonces a las 7 y 22 de la tarde del 23 de mayo el crucero pesado Suffolk, una de las dos unidades que patrullaban el Estrecho de Dinamarca reporta: “…Un acorazado y un crucero avistado a 20 grados. Distancia siete millas, curso 240 grados…” Recién hecho contacto el Suffolk se esconde en medio de la espesa niebla del Estrecho. Una hora más tarde es el Norfolk el que detecta al Bismarck, el cual ahora abre fuego contra el navío británico que lanza una cortina de humo para protegerse y huye junto al Suffolk para tomar posiciones de “sombra” de la formación alemana.
Los almirantes John Tovey y Lancelot Holland fueron informados de estos sucesos y se aprestaron a formular sus planes de intercepción con mucha confianza pues el Suffolk contaba con un novedoso equipo de radar Tipo 284 con el que seguía a los alemanes junto con el Norfolk. Si el contacto se mantenía los ingleses iban a saber todo lo que los alemanes hicieran hasta llegar a interceptarlos. En vista de la posición del Bismarck las únicas unidades pesadas británicas en posición de hacerles frente eran el Hood y el Prince of Wales junto a sus destructores, por lo que Holland ordena navegar a toda velocidad en un curso que lo llevaría a interceptar a los alemanes en algún momento de la madrugada del 24 de mayo.
Sin embargo algo inusitado ha sucedido que los ingleses no se esperaban: al abrir fuego contra el Norfolk, el radar FuMO 23 del Bismarck ha sufrido un desperfecto debido a la onda expansiva de los poderosos cañones principales, y Lutjens ordena al Prinz Eugen adelantarse y tomar la punta de la formación frente al Bismarck, revertiendo el orden que habían llevado hasta entonces. La idea era que el radar FuMo 27 del Prinz Eugen le advirtiera a los alemanes si había enemigos frente a ellos en tanto se reparaba el FuMO 23 del Bismarck. Los ingleses nunca captaron este cambio y creyeron, como era de esperarse, que el Bismarck lideraba la formación

La intercepción

En la noche del 23 de mayo los alemanes mantuvieron un curso de 220 grados, al suroeste, y una velocidad de 28 nudos. El Suffolk y el Norfolk los seguían de cerca en tanto el Hood, el Prince of Wales y los seis destructores del almirante Holland navegaban desde el sureste a 27 nudos en ruta de intercepción. Los destructores caen a la zaga de los pesados y poderosos Hood y PoW, que era como se le conocía al Prince of Wales. A medianoche Holland ordena ondear la gran bandera de batalla de la Marina Real en el mástil mayor pues los cálculos aseguran que dos horas después va a encontrarse con Lutjens y sus dos barcos.
Pero sucede un nuevo imprevisto esa noche: el Bismarck y el Prinz Eugen entran en una ventisca con nieve seguidos por los dos cruceros británicos y el radar del Suffolk pierde el contacto con los alemanes. Éstos desaparecen de la pantalla de sus perseguidores aunque Lutjens ignora tal cosa y se siente perseguido en todo momento.
En ese preciso momento Lutjens tenía ante sí dos opciones, luego de que su actual ruta de salida al Atlántico Norte había sido descubierta por el Suffolk y el Norfolk: proseguir con la esperanza de que las unidades pesadas británicas estuvieran aún en Scapa Flow imposibilitadas por la distancia de tratar de detenerle o, por el contrario, dar media vuelta y dirigirse al Mar de Noruega para reabastecerse y luego intentar salir de nuevo. Esta última táctica ya la había utilizado con éxito al mando de “los Gemelos” previamente ese año. Pero esta vez Lutjens decide proseguir y apostar a que los británicos no tienen unidades importantes que oponerle antes de que salga al Atlántico Norte.
Holland, quien ha quedado a ciegas luego que el Suffolk perdiera al Bismarck, ordena cambiar el rumbo a eso de las 2 de la mañana del 24 de abril a 200 grados, hacia el sur-suroeste. Esto lo hace para tratar de estar en una buena posición ya fuera que el Bismarck revertiera su curso o hubiese continuado en su última dirección, en tanto despachaba a los destructores hacia el norte para cubrir la posibilidad de interceptarlo en su huida. Debido a esta orden los destructores no pudieron tomar parte en la acción que se llevaría a cabo horas después.
Un cuarto de hora antes de las tres de la mañana el Suffolk recobra contacto con el Bismarck el cual continúa con su curso anterior, a treinta y cinco millas del Hood, en curso divergente y una velocidad de 28 nudos. Holland sabe que su intención original de interceptar al Bismarck por su banda de babor y de frente, lo que en táctica naval se conoce como “cruzar la T” que es el ideal de todo almirante en combate, ya no es posible. Ahora ha perdido esta posibilidad y ya no está en capacidad de recobrarla. Su única opción es acercarse a los alemanes por la banda de babor y, exponiéndose así a todas las baterías enemigas de costado, oponer únicamente las propias de proa durante una agonizante aproximación. Conciente de los peligros que atañe este acercamiento Holland decide realizarlo de todas maneras: es parte de la tradición naval británica de presentarle batalla al enemigo sin importar el riesgo o desventaja táctica que se tenga. El célebre almirante Nelson ganó así la Batallas del Nilo y de Trafalgar; la Marina Real Inglesa le debía a la adherencia de este principio o doctrina su impecable tradición de victoria: el Hood encabezó valientemente al PoW en un rumbo que los pondría al alcance de todas las baterías enemigas.

(continua...)
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Karl Heidenreich
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Karl Heidenreich » 19 Jun 2009, 16:51

(continuación de Batalla del Estrecho de Dinamarca)

Los antagonistas

Antes de proseguir con la batalla es importante hacer una comparación de las fuerzas que estaban por enfrentarse.

Desplazamiento:

Bismarck 41,700 tons standard y 50,900 tons a toda carga
Prinz Eugen 16,900 tons standard y 19,042 tons a toda carga

Hood 42,140 tons standard y 49,140 tons a toda carga
Prince of Wales 38,600 tons standard y 44,400 tons a toda carga
Norfolk 10,035 tons standard y 13,420 tons a toda carga
Suffolk 9,750 tons standard y 13,450 tons a toda carga

Tonelaje dedicado al blindaje:

Bismarck 17,540 tons para un 70% de la longitud del barco y 17/22 de compartimentos protegidos
Prinz Eugen no presenta

Hood 13,650 tons para un 65% de la longitud del barco y 12/19 de compartimentos protegidos
Prince of Wales 12,612 tons para un 59% de la longitud del barco y 10/21 de compartimentos protegidos
Norfolk no presenta
Suffolk no presenta

Armamento principal

Bismarck 8 cañones L/52 de 380 mm (15") en cuatro torretas dobles: dos en proa y dos en popa
Prinz Eugen 8 cañones 203 mm (8") en cuatro torretas dobles: dos en proa y dos en popa

Hood 8 cañones L/42 de 381 mm (15") en torretas dobles: dos en proa y dos en popa
Prince of Wales 10 cañones L/45 de 356 mm (14") en una torreta doble y una cuádruple en proa y una cuádruple en popa
Norfolk 8 cañones de 8" L/50 en cuatro torretas dobles: dos en proa y dos en popa
Suffolk 8 cañones de 8" L/50 en cuatro torretas dobles: dos en proa y dos en popa

La comparación es relativamente simple, los británicos aventajaban a los alemanes en todos los aspectos: ante un buque capital “dreadnought” alemán (el Bismarck) los británicos oponían dos “dreadnoughts” (Hood y PoW); ante un crucero pesado alemán (Prinz Eugen) los ingleses oponían dos (Norfolk y Suffolk). Esto traducido en armamentos era todavía más dispar a favor de Holland: 8 x 15”(Hood) + 10 x 14” (PoW) + 16 x 8” (Norfolk + Suffolk) en tanto Lutjens sólo podía ofrecer 8 x 15” (Bismarck) + 8 x 8” (Prinz Eugen).
Esto en el papel.
En la realidad la situación era bastante diferente puesto que la intención de Holland de atacar al Bismarck con sus dos navíos pesados, en tanto que los dos cruceros de Wake-Walker se enfrentaran al Prinz Eugen, no se concretaría. El silencio radial impuesto para no despertar las sospechas de los alemanes de que el Hood y el PoW les cerraban el paso impidió que Wake-Walker entendiera las intenciones de su superior. Por otra parte existían dos problemas técnicos graves: el primero era que, en tanto el Bismarck era un acorazado cuya cubierta estaba blindada por una plancha de metal Wotan Hart Wh de 120 mm de espesor, el Hood tenía una de tan sólo 51 mm de espesor en sus secciones equivalentes. Esto se traduce a una realidad muy simple: el Hood era más vulnerable que el Bismarck al denominado “fuego de desplome” que es el fuego enemigo de larga distancia el cual viaja por el aire en parábola tal como un obús. La ojiva de este fuego cae en ángulos muy agudos, con mucha probabilidad de hacer impacto en las cubiertas de los navíos en lugar de hacerlo contra los costados de los mismos. Al ser muy delgado el blindaje del Hood en su cubierta era susceptible ésta a ser penetrado por el “fuego de desplome” de un buque enemigo a una gran distancia. El Hood, para estar seguro de que no iba a estar en desventaja por este motivo, debía combatir a una distancia menor donde los cañones dispararían en ángulos más suaves y las posibilidades serían más favorables a impactos de costado y no sobre cubierta.
El segundo problema era el PoW. Aunque muchos se refieren a su desempeño en la batalla como producto de que era un buque muy nuevo, aún con trabajadores del astillero a bordo realizando ajustes, y a una tripulación novata sus verdaderos problemas fueron otros. La batería principal del PoW constaba de tres torretas: dos en proa y una en popa. La primera en proa era una torreta doble, la segunda era una torreta cuádruple y la de popa también era cuádruple. El montaje cuádruple de esta clase de acorazados dio problemas durante toda la guerra pues eran propensas a sufrir desperfectos en plena acción. Sin embargo esto no lo sabía Holland en ese momento ni el capitán del PoW John Leach.
Así que a la desventaja del ángulo de aproximación del escuadrón de Holland para con el de Lutjens se sumaba la ignorancia de Wake-Walker de las intenciones del primero; un debilidad estructural del Hood y un potencial desperfecto mecánico del PoW. Ahora bien: Holland sí sabía donde estaban los alemanes y cuándo los interceptaría; Lutjens creía que tan sólo era seguido por dos cruceros pesados enemigos.


La batalla

A las 5:35 de la mañana del 24 de mayo los vigías a bordo del Hood avistaron al escuadrón alemán a una distancia de 37,000 metros. Los alemanes se encontraban en curso de 220 grados, a 27 nudos y con el Prinz Eugen a 2,500 metros al frente del Bismarck... y ya sospechaban de la presencia de los británicos. Los hidrófonos a bordo del Prinz Eugen habían detectado el sonido de hélices de alto rendimiento de dos barcos aproximándose minutos antes del avistamiento. Holland, quien todavía se encontraba en curso 240 grados a 28 nudos, ordenó una primer corrección de 40 grados a estribor para tener ahora un curso de 280 grados con el fin de aproximarse lo más rápido posible a los alemanes. El fin de esta maniobra era acortar la distancia entre los escuadrones y evitar a toda costa el “fuego de desplome” enemigo: Holland sí sabía acerca del talón de Aquiles de su buque insignia, cuyo puente ocupaba ahora en conjunto con el capitán del navío Ralph Kerr.
A las 5:47 de la mañana la “alarma” fue sonada en los buques alemanes en tanto Lutjens se apostaba en el puente de mando del Bismarck junto al capitán Lindemann. En este momento en el que se iniciaba la etapa decisiva de este feroz encuentro parece que Lutjens entró en una especie de parálisis: no ordenó ninguna corrección de curso y no instruyó al capitán Lindemann del Bismarck ni al capitán Brinkmann del Prinz Eugen sobre el procedimiento de batalla a seguir. Ahora bien, el curso original que seguían los alemanes no podía ser mejor, el de los británicos era el que presentaba serios problemas.
Como las siluetas de los navíos alemanes eran muy similares, y el Prinz Eugen iba al frente, en el Hood confundieron, trágicamente, a éstos. Holland ordenó que las baterías del Hood y del PoW enfilaran hacia el buque líder enemigo, por tanto al Prinz Eugen y no al Bismarck. Sin embargo los oficiales y artilleros del PoW sí lograron identificar correctamente a las unidades enemigas y enfilaron al Bismarck desde un primer momento. Los cruceros pesados Norfolk y Suffolk no recibieron orden alguna por lo que continuaron siguiendo a los navíos alemanes de lejos, uno a babor y el otro a estribor, sin aproximarse para abrir fuego.
A las 5:49 Holland ordena una nueva corrección de curso de 20 grados más para llegar a los 300 grados con tal de acelerar el proceso de acercamiento. Este era el último curso que ofrecía una mejor aproximación en tanto que el Hood todavía podía utilizar todas sus cuatro torretas. Sin embargo el arco de la torreta de popa del PoW, la “Y”, seguía sin poder enfilar hacia el Bismarck.
En las entrañas de todos los buques que estaban por entrar en combate se gritaba la orden de “¡cargar, cargar, cargar!” los cañones principales con munición anti-blindaje y los sacos de cordita extraídos desde las santabárbaras. En los puestos directores de tiro los oficiales encargados afinaban sus soluciones de disparo. Uno de éstos hombres, el Cuarto Oficial de Artillería del Bismarck, Teniente Capitán Burkhard Müllenheim-Rechberg, quien observaba desde el puesto director de popa, pensaba que el escuadrón enemigo parecía un iracundo toro cargando sin saber contra qué.
A las 5:52 de la mañana es el Hood el primero que abre fuego, disparando su primera salva contra el Prinz Eugen distante unos 22,800 metros. Treinta segundos después el PoW abre fuego contra el Bismarck desde 24,200 metros, pero sólo con una salva de sus baterías frontales.
Los alemanes no responden el fuego: Lutjens no ha dado la orden de hacerlo. Los oficiales en los puentes del Bismarck y el Prinz Eugen miran impotentes cómo un escuadrón superior al de ellos les dispara impunemente en tanto sus propios cañones guardan silencio.
El Hood y el PoW continúan abriendo fuego sobre sus enemigos pero las salvas caen altas o cortas de los buques alemanes sin hacerles daño. El PoW comienza a experimentar problemas con su torreta cuádruple de proa.
A las 5:54 Holland ordena regresar al curso de 280 grados con tal de abrir el arco de fuego de la popa del PoW. Sin embargo las salvas británicas siguen cayendo alrededor de los alemanes y éstos no responden. En ese momento, según testigos, el capitán Ernst Lindemann exclama: “¡No voy a permitir que vuelen mi barco! ¡Abran fuego!” Esto confirma el hecho de que Lutjens se encontraba paralizado en los minutos iniciales del combate. La banderola “Jot Dora” es izada en el mástil del Bismarck: la señal para abrir fuego es avistada por el Prinz Eugen que, a su vez, es el primer buque alemán en disparar a las 5:55 de la mañana. Esta primera salva alemana va dirigida contra el Hood a 20,200 metros de distancia.
Es entonces cuando el Bismarck abre fuego, asimismo, contra el crucero de batalla británico.
Los británicos se percatan, desde esos primeros disparos enemigos, que los alemanes tienen una técnica muy efectiva de tiro, alternando las salvas de torretas de proa y de popa para identificar con certeza los surtidores de agua que producen las ojivas al caer en el mar. El Prinz Eugen logra en su primer salva lo que los británicos no habían podido hacer hasta ese momento: “rodear” al Hood con sus ojivas. “Rodear” significaba que los tiros no era ni largos ni cortos, sino precisos y que era cuestión de tiempo para que encontraran su blanco. Los disparos del Bismarck estaban un poco por detrás de su objetivo pero bien encaminados.
A las 5:55 el PoW, a pesar de los serios problemas mecánicos con sus torretas, logra “encontrar el objetivo”: una ojiva de 356 mm. (14”) de su quinta salva impacta el costado de babor de la proa del Bismarck y, sin estallar, sale por el otro lado en el costado de estribor. Este daño deja una abertura de un par de metros cuadrados en la proa del Bismarck la cual comienza a inundarse con agua de mar impulsada por el movimiento del navío. Sin embargo el Bismarck es un acorazado de cincuenta mil toneladas y un daño así en medio del combate es apenas perceptible. Obviamente el PoW logra este impacto debido a que dispara sin ser, a su vez, objeto de fuego por parte de los alemanes que están concentrados con el Hood.
El Hood continúa disparando sus salvas sin lograr encontrar blanco cuando, a las 5:56 de la mañana, el Prinz Eugen impacta por primera vez al crucero de batalla británico. Una ojiva de 8” desciende entre la segunda chimenea y el mástil principal iniciando un peligroso incendio en la cubierta de botes del navío. Ahora bien, en esa cubierta se ubicaban los lanzadores de cohetes UP y, por tanto, era donde se almacenaban las municiones de éstos en “lockers” abiertos. El impacto del Prinz Eugen comenzó una reacción en cadena haciendo explotar estas municiones. De acuerdo a uno de los únicos tres sobrevivientes del Hood, marino Bob Tilburn, la cubierta se convirtió en un infierno: el Hood había entrado en medio del preciso fuego cruzado del escuadrón alemán. Y tal cosa era cierta, tanto el Primer Oficial de Artillería del Prinz Eugen, Teniente Capitán Paulus Jasper, como el famoso Primer Oficial de Artillería del Bismarck, Capitán de Corveta Adalbert Schneider, habían logrado “rodear” al Hood en tan sólo una o dos salvas. Ahora comenzaban a destruir progresivamente a su portentoso enemigo.
A estas alturas Lutjens no tenía inherencia alguna en el desempeño de sus buques, al contrario de Holland, que sí gobernaba el destino de los suyos.

A las 5:57 el Hood es alcanzado dos veces más: una ojiva de 8” del Prinz Eugen hace impacto en la base de la torre principal, conocida como Mástil Torre, precisamente en el cuarto de acceso a la misma donde se refugiaban del fuego enemigo unos 200 marineros. Todos murieron en el acto y el único testigo de esa masacre fue el propio Tilburn quien también observó los efectos del otro impacto. Una ojiva de 15” del Bismarck alcanza al Hood en lo alto de la torre, en el Puesto de Observación dejando el sistema de dirección de tiro del crucero de batalla ciego.
Aún así los británicos siguieron abriendo fuego utilizando control local de las torretas. La sétima salva del Hood y la novena del PoW siguen siendo, aún, primordialmente de las torretas de proa, pero ahora la de popa del PoW puede enfilar y dispara. Una ojiva de esta salva del PoW impacta, de nuevo, al Bismarck y penetra debajo de la línea de flotación (y por debajo del cinturón de blindaje) en el compartimiento XIV y detona inofensivamente contra una mampara anti-torpedo.
Aquí interviene por primera vez Lutjens, quien concluye que no se le puede permitir al PoW seguir disparando sin ser contestado. Por tanto Lutjens ordena, a las 5:58, al Prinz Eugen que cambie de enfilada y abra fuego contra el acorazado británico. A estas alturas el Bismarck y el Hood se encuentran dañados, aunque el Hood lleva la peor parte, pero ni el PoW ni el Prinz Eugen han sido tocados.


La destrucción de Hood

Por su parte Holland, a las 5:59 de la mañana, ordenó una última corrección de 20 grados a babor pasando de 280 a 260 grados abriendo aún más el arco de disparo de las torretas de popa de sus barcos. En el Hood los marineros observan con horror el dantesco espectáculo que se aprecia en la cubierta y base del Mástil-Torre producto de los impactos recibidos hasta entonces.
Son las 6:00 de la mañana. A esa hora el Bismarck dispara su quinta salva desde una distancia de 15,700 metros en cadencia: primero las torretas de proa y luego las de popa.
Según el capitán del PoW, John Leach, quien en ese momento observaba la acción desde su puente de mando le pareció ver cómo dos ojivas del Bismarck caían un poco cortas, otra larga y “… se me formó la impresión de que en ese momento algo arribó a bordo del Hood en una posición justo adelante del mástil principal y ligeramente a estribor… de hecho me preguntaba cuál iba a ser el resultado [del impacto], y habían pasado uno o dos segundos después de que me formé esa impresión cuando una explosión tuvo lugar en el Hood, en esa misma posición del buque…”
Una columna de fuego se levantó desde la zona del impacto envolviendo al Hood en lo que muchos calificaron como una explosión sin estruendo, sino más bien algo parecido a un pulso grave. Las investigaciones oficiales determinaron que una ojiva de 15” del Bismarck penetró la peligrosamente delgada armadura de la cubierta del Hood en la zona adyacente al mástil principal. La ojiva detonó, con toda probabilidad, en la santabárbara donde había almacenadas ciento doce toneladas de cordita que a su vez, al explotar, lanzaron al aire un surtidor de fuego anaranjado de casi doscientos metros de altura. Cuando el humo resultante de la explosión comenzó a disiparse los tripulantes del PoW observaron, desolados, como unos cien metros de la popa del Hood se habían simplemente esfumado, en tanto un infierno de salvajes llamas blancas devoraban la estructura restante del crucero de batalla, el orgullo de la Marina Real y el barco de guerra más grande del mundo hasta ese letal momento.
El sobreviviente más famoso del Hood, el marinero Ted Briggs, se encontraba en su puesto en la plataforma de señales, junto al puente de mando y, por ende, presenció los últimos momentos del Hood desde su “cerebro”. De acuerdo a Briggs luego del estremecimiento inicial, producto directo de la explosión, el buque se inclinó hacia estribor, asustándolos a todos. Pero el giro se detuvo y se revertió hacia babor. Todos creyeron haberse salvado pues ignoraban que la mitad posterior del Hood había desaparecido. Sin embargo el Hood no se niveló sino que continuó su giro hacia babor hasta alcanzar unos cuarenta y cinco grados. Todos supieron que el crucero de batalla estaba perdido por lo que comenzaron a salir del puente a como pudieron. El almirante Sir Lancelot E. Holland permaneció en su silla con el capitán Kerr a su lado, sin tratar de escapar a su suerte, estoicos e inmóviles, y ahí fue donde Briggs los vio por última vez antes de huir del puente. Briggs, tal como lo hicieron los marineros George Dundas y Bob Tilburn simplemente se “bajó” del Hood cuando la cubierta llegó al nivel del mar y se echó a nadar.
Y todo esto sucedió en menos de tres minutos. Tres minutos y el Hood desapareció bajo las olas del Estrecho de Dinamarca con mil cuatrocientos quince de los mil cuatrocientos dieciocho hombres: sólo tres sobrevivieron.


El Prince of Wales huye y la Batalla finaliza

Una vez que el Hood fuese volado por los aires el Oficial Director de Tiro del Bismarck, Adalbert Schneider, corrigió su enfilada hacia el PoW. Esto no resultaba muy difícil puesto que éste seguía de cerca al destruido buque insignia de Holland, por lo que las correcciones fueron mínimas. Hasta ahora el PoW había disparado libremente contra el Bismarck haciendo impacto en un par de ocasiones; sin embargo eso ya no sería tan fácil pues los ocho poderosos cañones de 15” Krupp del Bismarck abrían fuego sobre él.
A las 6:02 una ojiva del Bismarck “encuentra el objetivo” e impacta en el puente de mando del PoW y, aunque no explota, logra matar a todos los que ahí se encontraban menos al capitán Leach y a otro hombre. Leach logra recuperarse a tiempo y ordena a la tripulación del puente blindado que inicien una maniobra evasiva. Pero el castigo contra el PoW continúa pues dos ojivas de 15” del Bismarck vuelven a “encontrar el objetivo”: una de ellas le “devuelve la cortesía” que el PoW le hizo al Bismarck cuando lo impactó al centro del casco debajo de la línea de flotación haciendo un tanto idéntico, mientras que la otra destruye el centro director de tiro de las baterías secundarias de 133 mm. El Prinz Eugen también comienza acertar disparos en el PoW pues una ojiva de 8” hace impacto también debajo de la línea de flotación en la popa.
Ahora las baterías secundarias, y hasta antiaéreas, del Prinz Eugen y, con toda probabilidad las secundarias del Bismarck, comienzan a abrir fuego contra el PoW.
Muchos argumentan que el PoW, de haber continuado esta situación, pronto se hubiera convertido en una ruina flotante y ardiente que hubiera debido ser o abandonada o hundida por su propia tripulación para evitar que los alemanes la echaran a pique. Sin embargo varias cosas se conjugaron para salvar el día para Leach y su acorazado.
Primero la decisión del mismo Leach de abandonar el combate y, en su maniobra evasiva, lanzar una cortina de humo protegiéndose de sus perseguidores. Sin embargo la cortina de humo por sí sola no hubiese salvado al PoW de la ira de las baterías principales del Bismarck. Dos factores más se presentaron y marcaron la diferencia: Primero fue el avistamiento, por parte del Prinz Eugen, de dos estelas de torpedos, tal vez del Hood que contaba con tubos lanzatorpedos y que pudo haberlos disparado antes de hundirse. Se dio la alerta de inmediato y tanto el Prinz Eugen como el Bismarck hicieron una maniobra evasiva de emergencia evitando ser impactados. El Bismarck hizo un viraje de 50 grados a estribor sumando un curso momentáneo de 270 grados, alejándose de su presa, el PoW, que navegaba con dirección de 160 grados.
Aún así los barcos alemanes tenían la oportunidad de regresar al combate y darle muerte al acorazado británico. Entonces se presentó el otro factor. El almirante Gunther Lutjens no ordenó reasumir la persecución sino que permitió a sus navíos navegar hacia el oeste alejándose del maltrecho PoW. El capitán Lindemann del Bismarck entra, entonces, en desacuerdo con su almirante pues solicita autorización para perseguir y hundir al PoW. Lutjens no lo permite pues se mantiene fiel a sus órdenes originales que le indican que su misión es hundir convoys y no entrar en combate con unidades de superficie enemigas a menos que sea en defensa propia. Esta posición, en definitiva, salva al PoW de una casi certera destrucción el 24 de mayo de 1941, postergando ese destino en siete meses: el PoW es finalmente hundido, cerca de las costas de Malaya, junto al crucero de batalla Repulse en diciembre de ese mismo año por los japoneses.
El PoW y los navíos alemanes se alejan uno de los otros. En un lapso relativamente corto, de las 6:02 a las 6:04 el PoW había sido impactado en siete ocasiones por las precisas baterías alemanas: tres veces por el Bismarck y cuatro por el Prinz Eugen. Ahora los cañones callan. La Batalla del Estrecho de Dinamarca ha finalizado.
Los ingleses, que entraron al combate con una ventaja numérica abrumadora, han perdido un crucero de batalla y ha quedado dañado un acorazado nuevo; sus dos cruceros pesados, simplemente, no se involucraron en el combate. Los alemanes lograron pasar el bloqueo del Estrecho de Dinamarca y salir al Atlántico dejando tras de sí una estela de destrucción.

(continúa...)
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Karl Heidenreich » 19 Jun 2009, 17:01

(continuación)


La Odisea y Fin del Bismarck

Aunque lo acaecido al Bismarck después de la Batalla del Estrecho de Dinamarca no es parte de este artículo es importante narrar, a grandes rasgos, cual fue el desenlace del Ejercicio Rhin.
Sin lugar a dudas el hundimiento del Hood fue un acontecimiento traumático para la nación inglesa: el navío de guerra más grande de su inventario (y del mundo a ese momento), elemento representativo de su poderío global y que, máxime, en los años veinte realizara una vuelta al mundo titulada “Empire Cruise”, había sido destruido con despreciativa facilidad en unos diez minutos de combate sin haberle acertado a sus enemigos ni una sola vez. Mil cuatrocientos hombres en el Hood más catorce en el PoW habían perdido la vida mientras que los alemanes no experimentaron ni una baja, a pesar de los impactos sufridos por el Bismarck a manos del PoW.
El Primer Ministro Británico Sir Winston Churchill, al conocer la terrible noticia, ordenó personalmente la destrucción del Bismarck como una cuestión de prioridad nacional. De hecho, Churchill no sólo autorizó sino que exigió que todo recurso aeronaval en el Atlántico tuviera como único objetivo el cazar y destruir al odiado enemigo. La Home Fleet se desplazó para emboscar al Bismarck al tiempo en que los británicos hicieron algo único en la historia naval de la Segunda Guerra Mundial: retiraron a las escoltas armadas de los convoys para que se sumaran a la acción, entre ellos el acorazado HMS Rodney.
Luego de la batalla el almirante Lutjens fue informado que, debido al impacto que le propinó el PoW, unas dos mil toneladas de agua de mar se habían alojado en la proa del Bismarck. Cosa que era grave por sí misma, pero que además una cantidad grande de combustible no podía ser utilizada por esta razón. La decisión de Lutjens de no repostar al Bismarck en Noruega se convirtió en un total desacierto. La idea del almirante alemán de continuar con su misión luego de batalla se vio frustrada tan sólo un par de horas después. Su propósito, entonces, se centró en la manera de regresar a puerto amigo lo antes posible y, de alguna forma, que el Prinz Eugen pudiera continuar con el objetivo del Ejercicio Rhin. Sin embargo sobra decir que cualquier esperanza de continuar con ese objetivo era quimérica; el Norfolk junto con el Suffolk y un dañado PoW seguían al Bismarck de cerca y perderlos era casi imposible. Mientras estos navíos perseguían a los alemanes las fuerzas del almirante Tovey comenzaban a converger sobre su respectivo curso.
A las 6:15 p.m. de ese fatídico 24 de mayo el Bismarck gira en medio de un chubasco para entrar en acción contra sus perseguidores, cosa que hace por breves instantes para retornar poco tiempo después sobre sus pasos. Los buques ingleses se retiran intempestivamente temiendo que los alcanzara el destino del Hood. De hecho, el Almirantazgo Británico prohibió que el Bismarck fuera atacado por sólo un buque capital a la vez; sólo lo podrían hacer encontrándose en superioridad numérica. Sin embargo la maniobra tiene otro objetivo pues el Prinz Eugen abandona la formación y escapa con rumbo al Sur, para reabastecerse. Cuando los británicos recobran sus posiciones han perdido rastro del crucero pesado alemán aunque siguen tras el rastro del Bismarck. La idea de Lutjens era poder llegar, entonces, al puerto de la Francia Ocupada de Saint-Nazaire, y debía de hacerlo por la vía directa pues no tenía suficiente combustible para realizar maniobra evasiva de ningún tipo.
La suerte final del Bismarck comenzó a perfilarse para los alemanes poco antes de medianoche de ese día: ocho torpederos Swordfish del portaviones británico HMS Victorious encuentran al acorazado alemán y lo atacan sin lograr causar ningún daño importante. Pero era evidente para Lutjens que los ingleses no iban a permitirle regresar pacíficamente a puerto. Es probable que esta certidumbre produjera la única maniobra astuta por parte de Lutjens en toda la operación.
Resultó ser que los perseguidores del Bismarck, el Norfolk, Suffolk y PoW lo hacían desde el cuarto de babor, así que la banda de estribor estaba relativamente carente de vigilancia. A esto se sumaba el hecho de que los ingleses asumieron una maniobra de zig-zag por temor a caer en una trampa de los submarinos enemigos. Por tanto a las 3 de la madrugada del 25 de mayo Lutjens ordena que el Bismarck regrese a su velocidad de 27 nudos y ejecutara un giro a estribor realizando una espiral que finalizó en un curso 130 grados en tanto que los ingleses continuaron, en zig-zag, hacia el Sur. El Bismarck perdió a los ingleses. Durante el día 25 de mayo nadie tuvo noticias del audaz navío alemán y la flota británica se dispersaba por todo curso posible tratando de dar con éste. Sin embargo el día 26 hidroaviones Catalina del Comando Costero inglés lograron ubicarlo mientras se aproximaba a la costa francesa.
El almirante Tovey supo, de inmediato que no iba a poder darle alcance con sus propios buques a menos que se diera un golpe de suerte. Y este golpe provino desde la Fuerza H que había zarpado desde Gibraltar al mando del almirante Somerville y que contaba con el portaviones HMS Ark Royal. Desde este buque partieron quince aviones torpederos Swordfish (de hecho lo hicieron en dos ocasiones pues el primer ataque falló). En este ataque, de calidades heroicas cabe recalcar, el Bismarck fue alcanzado en dos ocasiones, la primera a medio buque sin consecuencias; el segundo fue un torpedo lanzado desde su banda de estribor que impactó contra los timones en la popa. La magnitud del daño no se conoció en toda su dimensión hasta que los restos del Bismarck fueran descubiertos en 1985 por el investigador Robert Ballard, sin embargo el navío quedó ingobernable. El Bismarck giró, fuera de control, y se enrumbó hacia los buques ingleses que lo perseguían en lugar de huir, su velocidad se redujo a siete nudos y el sistema de tiro se vio seriamente dañado pues necesitaba de un control de rumbo que se perdió con los timones dañados.
En la mañana del 27 de mayo de 1941 el acorazado King George V, con el almirante Tovey a bordo, junto al acorazado Rodney, el crucero Norfolk, el crucero Dorsetshire y varios destructores alcanzaron al gigante alemán y abrieron fuego sobre él. Un total de 2,876 ojivas de distintos calibres fueron disparadas contra el Bismarck que se negaba a hundirse aunque una destrucción total anegaba sus estructuras superiores que ardían en llamas. Lutjens y Lindemann murieron junto a la tripulación del puente acorazado cuando el mismo fue finalmente vencido por una pesada ojiva del Rodney. Actos de increíble heroísmo se presenciaron en el buque alemán que orgullosamente ondeaba su bandera de batalla sin rendirse. El almirante Tovey, furioso porque el Bismarck no se hundía (en tanto el Hood lo hizo en tres minutos) ordenó al Dorsetshire que le disparara sus torpedos. Al tiempo que éstos hacían impacto, de acuerdo con lo que reportan los sobrevivientes del Bismarck, se abrieron las válvulas de lastre y se detonaron las cargas de auto destrucción y a las 10:39 del 27 de mayo el Bismarck se hundió bajo los olas 48 grados 10 minutos Norte, 16 grados y doce minutos Oeste. Sólo sobrevivieron ciento quince hombres de una dotación de dos mil doscientos.
Había finalizado un extraordinario y triste capítulo de las operaciones navales de la Segunda Guerra Mundial.
El Ejercicio Rhin arrojó los siguientes resultados: los ingleses perdieron un crucero de batalla y uno de sus acorazados resultó seriamente dañado; los alemanes perdieron un acorazado. Sin embargo la victoria estratégica fue británica, ya nunca más los alemanes se atreverían a enviar a un navío de superficie en una misión similar. El Tirpitz, buque gemelo del Bismarck, pasaría el resto de sus días en un fiordo en Noruega. El Prinz Eugen protagonizaría junto con el Schanhorst una misión de huida de los puertos franceses conocida como el “Channel Dash”. El Schanhorst entraría en batalla posteriormente en el Cabo Norte contra un buque gemelo del PoW y el King George V: El Duke of York, así como contra otros navíos pesados británicos y resultó hundido. El Prinz Eugen sería botín de guerra apropiado por los norteamericanos que lo utilizarían como blanco en una prueba nuclear en el Atolón de Bikini y, al igual que el Bismarck, no se hundió aún en esas circunstancias por lo que fue torpedeado por un submarino.
El acorazado PoW, como se mencionó anteriormente, se hundió junto al crucero de batalla Repulse el 10 de diciembre de 1941 al ser atacados por aviones japoneses, y con ellos llegó el fin de la época de los acorazados: después las operaciones navales quedaron en manos del nuevo buque capital que rige los mares hasta hoy en día: el portaviones.
Sin embargo en nuestra historia resuena aún el combate del Estrecho de Dinamarca y de los grandiosos navíos que en ella tomaron parte, los errores y aciertos de los hombres audaces que tuvieron la oportunidad de servir ahí. Y eso nos regresa a la época de los grandes barcos y de los más grandes hombres que en ellos navegaron, combatieron y murieron.


Razones del desenlace

¿Por qué los alemanes, en una situación de desventaja aparente, se alzaron con la victoria en la batalla conocida como el Estrecho de Dinamarca?
Las razones están en dos niveles distintos: el técnico y el táctico.
A nivel técnico se puede decir que, en términos ofensivos, el Bismarck y el Hood estaban igualados entre sí. Ambos navíos contaban con ocho cañones principales de quince pulgadas cada uno en arreglos iguales de cuatro torretas dobles, dos en proa y dos en popa. Los cañones del Bismarck resultaban un poco más sofisticados al ser L/52 en lugar de los L/42 del Hood, lo que significaba que el radio de longitud de los mismos entre el diámetro de su boca (15”) era mayor y, por ende, con una velocidad, potencia y alcance mayor. Sin embargo en la batalla los contrincantes estaban bien dentro de la cobertura de sus respectivos armamentos haciendo esta ventaja casi insignificante. La razón debía de estar en otro aspecto.
El Hood era un navío relativamente viejo, concebido al final de la Primera Guerra Mundial, como crucero de batalla que, dicho sea de paso, no se volvieron a construir por parte de los ingleses después de terminada ésta. Cuando entró en acción en el Estrecho de Dinamarca presentaba serios problemas en su casco que filtraba agua de mar hacia el interior del navío; estaba sujeto a un sobrepeso por las capas de pintura puestas por veinte años de mantenimiento; era víctima de gran cantidad de improvisadas modificaciones, siendo una de éstas los famosos lanzacohetes UP cuyas municiones debían colocarse en los “lockers” de la cubierta de botes. Además ciertos sistemas de sus poderosas turbinas se encontraban en completa decadencia supliendo sólo una fracción de su potencial nominal. Pero dos elementos específicos tuvieron inherencia determinante en la batalla: el espesor de su blindaje de cubierta y su sistema de guía de tiro.
Sobre el espesor de su cubierta no hay ya mucho que decir puesto que, como se vio con anterioridad, el mismo almirante Holland conocía que el Hood era propenso a ser víctima del “fuego de desplome”. Y el “fuego de desplome” del Bismarck fue el que, precisamente, hizo impacto cerca del mástil principal, penetró el blindaje, llegó hasta la santabárbara y la detonó.
Sin embargo otro aspecto fue determinante. Si el Hood hubiese logrado impactos en sus enemigos temprano en la batalla es probable que el resultado de la misma hubiera sido otro. ¿Por qué el Hood no encontró el blanco cuando los otros tres barcos en la batalla sí lo lograron? Todo indica que este aspecto se debió, en forma exclusiva, al sistema de guía de tiro o Tabla Calculadora llamada “Tabla Dreyer”. Esta “tabla” databa desde la Primera Guerra Mundial. El Hood estaba equipado con este complejo artefacto que, a diferencia del que poseía el Bismarck, el Prinz Eugen o el Prince of Wales, no era tan preciso. El Hood necesitaba de más tiempo para encontrar el blanco que los demás navíos en la batalla. Por su parte el Prince of Wales tenía un artefacto llamado Tabla de Almirantazgo que era muy superior a la Dreyer y, por ende, pudo encontrar el blanco con mayor facilidad.
Pero en la acción no sólo el Hood presentó serios problemas técnicos sino también el otro navío británico, el Prince of Wales. Muchos indican que el rendimiento del PoW estuvo por debajo de lo esperado debido a que el mismo no sólo era nuevo sino que lo estaban “estrenando” en esa operación. Sin embargo el sólo hecho de que el PoW pudiese encontrar el blanco varias veces esa mañana demuestra que esta aseveración no es del todo cierta. Más bien parece que fue un serio problema de diseño. A proa y a popa del PoW estaban instaladas sendas torretas cuádruples que, en la batalla, fallaron irremisiblemente. Y este fallo se presentó posteriormente en la guerra con los otros navíos de esa clase. Simplemente uno, dos y hasta tres de los cuatro cañones de catorce pulgadas de este tipo de navíos no funcionaban en el momento preciso. En la Batalla del Estrecho de Dinamarca la torreta de proa del PoW llegó a fallar al punto que todos los cuatro cañones de esa torreta no pudieron disparar en dado momento.
Estos elementos nos dicen que, durante el combate, los dos navíos capitales británicos estaban muy por debajo del desempeño de los alemanes. Tanto el Bismarck como el Prinz Eugen habían realizado extensas prácticas de tiro y los oficiales directores podían actuar al unísono con suma precisión. En el combate del Estrecho de Dinamarca los alemanes encontraron el blanco con suma rapidez, primero al Hood y luego al PoW. De haber persistido Lutjens el PoW podía haber sido destruido.
Ahora bien, a nivel táctico se puede afirmar que el escuadrón alemán no realizó ninguna maniobra en especial, tan sólo continuó con su curso hasta que el capitán del Prinz Eugen le pareció haber visto estelas de torpedos. Sin embargo el curso original de los alemanes, en relación al de sus enemigos, no podía haber sido mejor. Se puede hasta afirmar que fue un asunto fortuito porque Lutjens nunca supo la ubicación, curso o distancia de sus perseguidores en ningún momento hasta que los tuvo encima. Irónicamente el almirante Holland, quien sí conocía toda esta información, fue quien debió escoger el curso y ángulo de aproximación más comprometido. ¿Pudo haberlo hecho distinto? Difícilmente si hubiese querido entablar batalla. De haber dejado pasar a los alemanes a las 5:50 de la mañana del 24 de mayo ya no los hubiera podido alcanzar pues las máquinas de sus navíos no iban a poder darle más de 28 nudos. ¿Entonces por qué entabló combate? Para Holland, como para cualquier comandante británico en su lugar, no había razón para no entrar en batalla. La tradición naval británica era clara en apostar al enfrentamiento aún en condiciones desfavorables, pues el espíritu combativo y la agresividad podían compensar con creces la situación. Así fue como Holland cargó tal y como Müllenheim-Rechberg lo describió, como un toro enfurecido que no sabía lo que tenía al frente.
En este caso la suprema virtud de la doctrina naval británica, la misma que llevó a Drake y a Nelson a sus inmortales victorias, produjo una catástrofe como la del Hood. El Bismarck y el Prinz Eugen se distinguieron por su preciso control de fuego y a la disciplina férrea de sus tripulantes. Y estas virtudes acompañaron al Bismarck hasta el final en una desigual batalla, al grado que sus propios enemigos así lo reconocieron después.
Y todo sucedió en escasos minutos del amanecer del 24 de mayo de 1941, en medio de las aguas turbias del Atlántico Norte.




Karl Heidenriech B.
5 - 13 de mayo 2007.




Agradecimiento:

A José M. Rico de la página ww.kbismarck.com


Bibliografía:

Bonomi, Antonio, Denmark Strait Battle, May 24th 1941, 2006, article as published at www.kbismarck.com

Hewson, Roberto, The World War II Warship Guide, 2000, Chartwell Books, Inc.

Jane´s Fighting Ships of World War II, foreword by Anthony Preston, 1996, Jane´s Publishing Company

Müllenheim-Rechberg, Barón Burkhard von, El Acorazado Bismarck - Relato de un superviviente, 1980, Editorial Juventud

Rico, José M., The Battleship Bismarck – The Complete History of a legendary Ship, 2004, www.kbismarck.com/books/bsbook.html

Taylor, Bruce, The Battlecruiser HMS Hood, An Illustrated Biography, 1916-1941, 2004, Naval Institute Press
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Silverman » 06 Ago 2011, 23:04

Primero de todo daros las gracias a José Mª, Antonio Bonomi y a ti Karl por traducir tan importante artículo.

La batalla del Estrecho de Dinamarca es quizás la más clásica de toda la II GM, y digna de un serio estudio.

Las diferencias entre el Hood y el Bismark eran mayores de las meras apariencias. La fundamental es que el inglés era un buque viejo, con su estructura fatigada por los años y una planta motriz que seguramente ya no alcanzaba el 100% de su original rendimiento. Su artillería principal era de inferiores prestaciones, de igual calibre pero con nada menos que 3'8 mts menos de longitud de caña, con lo cual su capacidad de perforación y precisión a la misma distancia debía ser menor. A ello además se le añadía un inferior sistema de tiro.

El PoW contrariamente era demasiado nuevo, fue un completo error aparejarlo antes de tiempo. Los problemas que presentaron sus torres cuádruples, diría que fueron mayormente fruto de esa falta de puesta a punto, pues aunque ya de por sí los montajes cuádruples eran más complejos que los triples y no digamos ya de los dobles, no he leido que el Duke of York tuviese problemas en sus torres pesadas en su acción contra el Scharnhorts en 1.943. Un sistema complejo resulta más crítico en su etapa inicial, es una ley de la mecánica.

Dejando las máquinas aparte, es extraña esa descrita parálisis del Almirante Lütjens al inicio del combate, pues era un hombre curtido el cual se distinguió brillantemente el año anterior comandando el periplo de los dos Cruceros de Batalla alemanes en el cual hundieron 112.000 tm de mercantes enemigos, demostrando ser un buen Almirante. A buen seguro no se esperaba la intercepción de los dos navíos pesados británicos. :?:

No perseguir y rematar al PoW tras hundir al Hood fue un gran error, en parte atribuible a las órdenes generales de la Kriegsmarine de no entablar combate con naves de guerra salvo en caso de ineludible defensa propia, lo cual también influyó en que Langsdorff con su Graff Spee abandonase el encuentro con los Exeter, Ajax y Achilles cuando los tenía a su merced.

Sin duda una fascinante historia. Saludos y buena proa.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Topp » 07 Ago 2011, 10:02

de igual calibre pero con nada menos que 3'8 mts menos de longitud de caña


Si mis cuentas no me fallan, la diferencia entre las cañas del 15"/42 Mark I inglés y el 38 cm/52 (14.96") SK C/34 alemán era exactamente de 2,615 m.

No perseguir y rematar al PoW tras hundir al Hood fue un gran error


No entro en si Lütjens debía o no desobedecer sus órdenes y exponer al Bismarck a nuevos daños. La velocidad del PoW no había quedado mermada en el combate y podía hacer uso de ella, sin embargo el Bismarck había encajado un proyectil en su proa y su castillo ya había embarcado 1.000 tm de agua.

Gran dilema: o se reduce la velocidad para colocar palletes y puntales o que siga entrando agua mientras perseguimos al PoW durante horas.

Saludos.
Topp
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Silverman » 07 Ago 2011, 21:04

Hola Topp,
En la longitud de los cañones del Hood y del Bismark sólo consideré la diferencia de calibres, 52-42 = 10, 10 X 38 = 3'8 mts. Es claro que 381 mm es poco más que 380 mm, y las piezas del alemán eran de unos 51'7 calibres aprox, igual las del Hood hacían 42' 4 calibres... :? No obstante es una gran diferencia en longitud, la cual se traduce en las prestaciones balísticas.

En cuanto al desenlace de la batalla, un inciso. Son de buen entender las directivas dadas por la marina germana a todos sus comandantes, la superioridad cuantitativa de la Royal Neivi era como de 5 a 1 contra la Kriegsmarine, sin contar con la marina francesa ya derrotada o con la cercana intervención de la estadounidense. Es por ello lógico que no les compensase perder un barco a cambio de dos, el talón de Aquiles de Inglaterra era su numerosa flota mercante, y lo más inteligente era utilizar a todos las unidades navales contra ella, dejando de lado en lo posible, a la Neivi.

Sin embargo, las más diligentes directivas tomadas en un seguro y confortable despacho, después en el marco de una concreta situación de combate real en alta mar, pueden ser del todo contraproducentes. Este fue el caso de la Batalla del Estrecho de Dinamarca.

Muchos, por no decir todos, los Capitanes/Almirantes brillantes a menudo se saltaron las órdenes estrictas. Nelson sin ir más lejos, o "Serr" David Beatty en época más moderna.

El Prince of Wales estaba casi fuera de combate, con el puente de mando destruido y buena parte de su artillería inutilizable por avería; no contaba con escolta de destructores que pudiese contraatacar con torpedos obligando a los perseguidores a virar de rumbo abruptamente. Tras el afortunado impacto en el Hood por parte teutona, era una ocasión inmejorable para rematarlo con relativa facilidad, nunca en la historia naval tuvo un comandante una victoria como aquella al alcance de la mano. Es cierto que el Bismark padecía una inundación en una amura proel, y que el inglés todavía podía correr a 28 nudos, pero estoy convencido que el Bismark tirando de las bombas de achique podría haberlo perseguido a 28 nudos el tiempo suficiente para volver a alcanzarlo con su artillería, un sólo impacto en una sala de máquinas o de calderas y se acabó la correría del inglés. Además, contaba con el auxilio del Prinz Eugen que daba 32'5 nudos. El PoW, con una tripulación nuy novata a bordo, aunque no hubiese estallado como su contraparte al contar con mayores espesores en su coraza, no habría podido presentar una gran resistencia.

Además de todo lo anterior, la providencia podría haber obsequiado a los alemanes con otro regalo: El Norfolk y el Suffolk, alejados de la acción confiados en la superioridad de la pareja de acorazados de Holland, al observar al PoW a merced del Bismark y compañía, seguramente habrían marchado a toda máquina en auxilio del más flamante acorazado de la Neivi, con lo que muy posiblemente tras dejar fuera de combate al PoW, podrían haber despachado a ambos Cruceros débilmente blindados, el Prinz Eugen era muy superior a cualquiera de los dos, y el otro de no poder huir a tiempo, no era rival para el Bismark.

Esto hubiera supuesto a la división alemana gastar casi todas las municiones y tener que recoger a unos dos mil naúfragos ingleses, por lo cual la operación "Reinübung" debería haber sido abortada y dirigirse directamente a Francia, pero a cambio de haber hundido 100.000 tm de buques de guerra enemigos en una sola acción. En tonelaje habría sido la peor derrota de la Royal neivi en toda su historia.

Después las probabilidades de ser interceptados por la flota inglesa no hubieran sido superiores a las que hubo, pues más medios en su persecución no pudieron utilizar. Pero aún así, en la tumba de Lütjens podría haberse esculpido: "Que me quiten lo bailado".

Es evidente que Lütjens se ciñó a las órdenes estrictamente, ahora es fácil criticarlo, pero Lindeman lo tenía claro. Dicen que las ocasiones las pintan calvas; pues aquella era más calva que el árbitro Colina. Qué mala es la rigidez para ciertas circunstancias.

Saludos y buena proa.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Topp » 08 Ago 2011, 00:32

Esta situación es uno de los What if presentes en cualquier foro naval que se precie.

Yo no tengo tan claro que las bombas de achique pudieran aliviar la entrada de agua en el castillo de proa del Bismarck como para permitirle dar 28 nudos mucho tiempo. Y también ponte en que el PoW no estaba indefenso y podía volver a tocar al Bismarck inutilizándolo el tiempo suficiente para que llegasen unidades inglesas de refuerzo.

Nelson y Beatty podían ser recriminados por haberse equivocado en caso de salirles mal la jugada (que en alguna ocasión les salió mal a ambos), pero ninguno de ellos vivía bajo un régimen totalitario en el que un fallo se pagaba muy caro. Personal y familiarmente.

Langsdorff se pegó un tiro después de haber expuesto al Spee a un combate tras el que se tuvo que internar. Aún así, su familia casi fue condenada al ostracismo.

Y no te engañes con el Norfolk y el Suffolk, hubiesen corrido a sacrificarse por su acorazado sin dudarlo y sin pensárselo dos veces. Y esos cruceros no eran como los americanos, esos llevaban lanzatorpedos y ya habían obligado a los buques germanos a más de un cambio de rumbo.

Saludos.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor T.E.Shaw » 09 Ago 2011, 21:24

Hola
una puntualizacion que para mi es importante
si las ordenes es hacer un crucero para hundir el mayor numero posible de unidades mercantes y evitar el combate , yo habria hecho lo imposible por largarme de alli sin disparar un tiro y en cuanto pudiera hundir convoys o estar el mayor tiempo posible en el mar para evitar la salida de los convoys al mar, que me parece una mision mas util para el esfuerzo de guerra aleman que hundir el Hood y el PoW
saludos
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor José Mª Rico » 10 Ago 2011, 12:49

T.E.Shaw escribió:una puntualizacion que para mi es importante
si las ordenes es hacer un crucero para hundir el mayor numero posible de unidades mercantes y evitar el combate , yo habria hecho lo imposible por largarme de alli sin disparar un tiro y en cuanto pudiera hundir convoys o estar el mayor tiempo posible en el mar para evitar la salida de los convoys al mar, que me parece una mision mas util para el esfuerzo de guerra aleman que hundir el Hood y el PoW.

Eso es básicamente lo que hizo Lütjens, sólo que para largarse de allí el Bismarck tenía que abrirse paso a cañonazos a la fuerza ya que se encontraba con el límite de los hielos al oeste, y como dijo Lindemann: "No voy a consentir que ejecuten al buque bajo mis plantas!"
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Silverman » 10 Ago 2011, 17:53

Hola Shaw. :D

Pues en teoría tienes toda la razón en tu último mensaje, las órdenes eran hundir mercantes y evitar el contacto con buques de combate enemigos, pero el caso es que Lütjens no hizo por huir de la batalla al menos al principio.

Realmente la velocidad máxima del Prince of wales era de 28 nudos, y la del Hood de 31 teóricos, que parece ser que no eran más de 30 debido a sus viejas máquinas; el Bismark podía mantener los 29 nudos, quizás los 30 debido a la lozanía de las suyas, un nudo más de velocidad no es mucho, de haber virado hacia el oeste hubiera habido un combate de persecución, sólo el Hood podía seguirles la estela, el Prince se hubiera delcolgado poco a poco, y a tan gran distancia probablemente el fuego hubiese sido ineficaz.

No obstante los dos Cruceros County estaban al acecho y daban 31 nudos, a éstos no hubiesen podido darles esquinazo, además, como ya ha mencionado José Mª, estaban los hielos de Groenlandia al Oeste. En suma, era improbable evitar el contacto balístico.

:arrow: En lo referente al "Qué hubiera pasado si..." que comentaba el camarada Topp, yo tampoco tengo claro que el Bismark pudiese aguantar mucho tiempo los 28 nudos con la via de agua que tenía, pero considerando que en sólo dos minutos alcanzaron al "Prince of Wales" con tres impactos de 380 mm y otros cuatro de 203, sí que tengo claro que las cuatro piezas delanteras de 380 más la artillería del Prinz Eugen habrían acribillado al inglés por mucha cortina de humo que lanzase. Sólo habría podido defenderse con las cuatro piezas de 356 mm traseras que presentaban averías. Pudiera haber sucedido que un muy afortunado impacto de 356 incidiese en el puesto de mando alemán matando a Lütjens y a Lindeman, pero todos sabemos que es lo más probable que hubiese sucedido.

También estoy seguro que los dos Cruceros County habrían antrado en escena salvaguardando al PoW, o mejor intentándolo, pues en el tiempo que tardasen en llegar a distancia balística, muy probablemente el PoW estaría ya fuera de combate o casi, de modo que la pareja alemana podría dividirse para contender con los Cruceros y seguir rematando al Acorazado, o actuar al unísono contra los Cruceros si el PoW estuviese ya silenciado.

Los County eran barcos con gran autonomía y habitabilidad, ideales para recorrer los océanos, hacer presencia colonial y contender contra cruceros auxiliares, pero contra un Prinz Eugen, con artillería más precisa, más rápido y sobre todo mucho mejor blindado, no tenían nada que hacer.

Creo que en el momento de huir el PoW estaba a unos 17 km del Bismark, llegar a distancia de seguridad, unos 22.500 metros era recorrer 3 millas, esto significa que marchando el Bismark a 25 nudos (28 - 3) hubiese tardado una hora entera el inglés en llegar a distancia segura, no hubiese llegado sin sufrir un severo castigo el cual seguramente le mermaría su velocidad.

Que cada cual saque sus conclusiones. Buena proa camaradas. :D
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Topp » 11 Ago 2011, 00:11

Basicamente estoy con el camarada Silverman, aunque siguen los interrogantes.

El PoW había sido alcanzado cuatro veces por el Bismarck y tres por el Prinz Eugen (aunque otras fuentes le añaden otro blanco por parte del acorazado alemán) exactamente en dos minutos tras la explosión del Hood. Cuando el maltrecho buque inglés rompió el contacto tras una cortina de humo se encontraba a unos 14.000 m de la formación alemana, toda una invitación para un casi seguro hundimiento del acorazado británico.

Logicamente si el Bismarck hubiese iniciado la persecución debía mantener los 28 nudos con un boquete de 1 1/2 m en su proa, por lo que a las 1.000 tm que ya había embarcado habría que añadirle un torrente casi continuo en el castillo de proa. Eso haría que el buque alemán hundiese su proa más de lo debido, con lo que puntería sería menos efectiva.

¿Cuanto aguantaría el Bismarck esa velocidad sin resultar aún más dañada su proa?

Otra cosa: sería un combate en caza (o en retirada, según se mire), con una teórica ventaja en bocas de fuego para el PoW. No olvidemos que el Bismarck solo contaba con 4 cañones en la proa por 6 la popa del PoW (y Lütgens no sabía que la mitad de ellos estaban out), con lo que el buque alemán ofrecía su parte más sensible (la proa) que ya estaba tocada.

¿Sería para pensárselo y obedecer las órdenes del OKM, o arriesgarte a más impactos en la proa?

Los County eran barcos con gran autonomía y habitabilidad, ideales para recorrer los océanos, hacer presencia colonial y contender contra cruceros auxiliares, pero contra un Prinz Eugen, con artillería más precisa, más rápido y sobre todo mucho mejor blindado, no tenían nada que hacer.


Ya he escuchado eso antes con respecto al combate final del Graf Spee. Pero luchar contra dos blancos igual de rápidos y armados que tú y que te combaten por ambos flancos no es tarea fácil.

Esos dos cruceros iban a luchar a muerte y el Prinz no iba a irse de rositas precisamente.

Saludos.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor T.E.Shaw » 11 Ago 2011, 12:36

hola a tuti
una cosa es defenderse, otra correr y defenderse y otra buscar pelea, la pelea no le interesaba nada, la de defenderse, si no hay mas remedio vale, pero la logica es salir por patas y si solo le siguen los cruceros mejor, . es decir correr y defenderse, lo demas fue perder un barco muy necesario, que en condiciones normales podria haber hecho mucho daño al trafico mercante britanico e intercambiar cromos , aunque sea el Prinz Eugen, no le valia para nada a Alemania, siempre habria habido ventaja para los Ingleses
saludos
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Topp » 12 Ago 2011, 20:35

No olvidemos que el Bismarck solo contaba con 4 cañones en la proa por 6 la popa del PoW


Os dejo que me amarréis a un cabrestante y me déis de latigazos :oops:

Gracias por el aviso, Silverman.

Saludos.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor Silverman » 13 Ago 2011, 03:28

"Ná", si es lo que siempre digo, eso de navegar sumergido tanto tiempo no es sano Topp, al final te conviertes en Topo marino y se acaba por no distinguir la proa de la popa de los buques de superficie. :mrgreen:

Olvida lo de los latigazos, bastante tenéis los submarinistas con ir dentro de esas latas marinas. :lol:

:arrow: Regresando al tema que nos ocupa; está claro cuáles eran las órdenes y las prioridades de la Kriegsmarine, pero no por ello debía dejarse pasar la ocasión de hundir un buque capital puesto en bandeja. Al hundir al Hood con tan poco esfuerzo, los marinos alemanes habían hecho lo más difícil, ahora era el Prince of Wales el que estaba en inferioridad, con serias averías a bordo y sin puente de mando. Para remate no contaba con ninguna escolta que lo pudiese ayudar a esconderse o que pudiera contraatacar a sus adversarios, la visibilidad era buena y se hallaba demasiado cerca de un enemigo casi indemne.

Los dos Cruceros pesados británicos estaban acechantes a unos 22'5 Km de distancia de los alemanes, llegar a menos de 20 km, distancia efectiva para las granadas de 203 mm, teniendo en cuenta la velocidad de los buques germanos, les hubiese llevado cierto tiempo, quizás suficiente para haber dejado fuera de combate totalmente al Prince.

Si el capitán de la formación alemana fuese pícaro, miraría de no hundir al Acorazado todavía, al efecto de que los Cruceros se acercasen en un vano intento de salvarlo. Entonces sería el momento de dirigir el fuego contra aquellos, hasta dejarlos también fuera de combate. Después sería cuestión de rematar a los tres buques, recoger los naúfragos y regresar a Francia sin romper el silencio por radio.

Lo de la radio era muy importante. No era perentorio comunicar con Berlín para nada, y ese silencio radiofónico hubiese vuelto loca a la Royal Neivi. Ni en sus peores pesadillas imaginarían una derrota semejante. Cuando reaccionasen seguramente sería tarde para interceptarlos.

Marchar ambos buques de vuelta hubiera constituido asimismo una ventaja a la hora de defenderse de los posibles ataques de los Swordfish. En el supuesto de que un torpedo afortunado destrozase los timones del Bismark, el Prinz Eugen podría haberle remolcado lo justo para virarlo en la dirección de Brest, teniendo más posibilidades de las que tuvo de salvarse.

No creo que el Alto Mando de la Kriegsmarine regañase a Lütjens ante una victoria de tal calibre, y de serle requeridas explicaciones, pues se amañan los informes y punto. Se podría alegar que los timones se agarrotaron cuando perseguían al Prince -si éstos además hubiesen sido después destruidos por un torpedo como ocurrió realmente, a ver como demostraban lo contrario- o que inmediatamente se dieron cuenta de que el combustible mezclado con agua de mar del tanque de proa impactado, hacía imposible la prevista singladura por el Atlántico, de modo que a falta de mercantes buenos son Cruceros y Acorazados -mentira patriótica pues no se apercibieron de ello hasta horas después- o que los Cruceros ingleses se les echaron encima temerariamente -nueva mentira piadosa pues estuvieron expectantes a prudente distancia- de manera que no hubo más remedio que defenderse etc, etc, etc.

Se le regala una buena botella de Snaps o un barril de cerveza bavaresa al oficial/suboficial encargado de los timones y al de daños, ;) camaradería corporativista de la marina y asunto solucionado. Menudo problema.

Saludos y buena proa.
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Re: Batalla del Estrecho de Dinamarca

Notapor dambuster 1944 » 28 May 2013, 00:20

Hola Karl.
Tuve que registrarme con un nuevo nombre, ya que olvidé mi clave. Hace mucho que no me daba una vuelta por aquí.
Tu artículo, es interesante, pero me parece que padece de algunas inexactitudes o detalles sujetos a controversia.
Por ejemplo, la afirmación de que el Prinz Eugen fue el primero en disparar, que fuente fué extraída?
Uno de los testigos presenciales del POW (estaba en uno de los directores antiaéreos), mencionó que pudo ver cómo el Bismarck abría fuego, haciéndolo a continuación el Prinz Eugen. Según él, los disparos alemanes se produjeron inmediatamente después de la salva inicial del POW.
He podido ver libros o relatos sobre el Bismarck, que en algunos casos son extremadamente carentes de rigor histórico, llenos de episodios imaginarios y muy dramáticos (por ejemplo “La epopeya del Bismarck”, de Erich Kramer). Me pregunto si esa supuesta expresión de Brinkman no será obra de la imaginación de algún escritor entusiasta.
Otro elemento opinable es cuando afirmas que el impacto en el cinturón blindado fue inofensivo. Ese impacto destruyó el cuarto de calderas Nº 2, dejando fuera de servicio sus dos calderas, y ocasionó heridas graves en cinco fogoneros. Las inundaciones que se producían allí en cuanto el buque tomaba velocidad, fueron un elemento que condicionó mucho el accionar posterior del Bismarck.
También está el tercer impacto que logró el POW (que no explotó), que produjo averías en el sistema de lanzamiento de hidroaviones. Si bien en si mismo no afectaba al buque, tuvo consecuencias a largo plazo, ya que el 27 de mayo a la madrugada, Lütjens, que tenía la certidumbre de que el Bismarck estaba perdido, intentó catapultar un Arado hacia Francia con el libro de bitácora y otros documentos, no resultando posible a raíz de esa avería.
Un elemento a debatir es esa historia sobre el desacuerdo entre Lindemann y Lütjens (de qué fuente procede la información?). Ludovic Kennedy señala que los que han escrito sobre eso parecen ignorar que en la armada alemana existía una disciplina tan rígida como en la Royal Navy, y que, aún más importante, Lütjens no estaba sólo; se había embarcado con la totalidad del estado mayor de la flota. Así pues, la idea de que el capitán de un barco discutiera con el comandante de la flota y con el estado mayor de la misma, parece, otra vez, producto de la imaginación de algún escritor de novelas.
Otro asunto es ese detalle del control principal del Hood. Justamente, como los navíos ingleses tenían el viento en contra, no pudieron usar los telémetros de las torres, los cuales estaban empapados por el rocío, de modo que debieron apuntar con los telémetros más chicos del control principal. Aún que hubieran querido, en el Hood no hubieran podido dar la orden de disparar con control local. El tema es que en ningún sitio he encontrado semejante afirmación.
La afirmación de que el Bismarck giró a las 6.15 hacia sus perseguidores y que estos se retiraron intempestivamente, parece extraída de algún panfleto escrito por algún admirador de los nazis. También es falso que el almirantazgo haya prohibido que el Bismarck fuese atacado por un solo acorazado. De hecho, el Primer Lord, incitado por Churchill, le envió a Wake Walker un radiograma preguntándole cuáles eran sus intenciones sobre un nuevo ataque con el POW. Eso molestó mucho a Tovey, que deseaba que el POW estuviera a mano cuando él llegara, sin posibles nuevos daños. A raíz de ese mensaje, Walker decidió acercarse al Bismarck para atacarlo nuevamente, cuando se produjo el ataque del Bismarck para cubrir la separación del Prinz Eugen. Hubo, al anochecer, un último intercambio de fuego, en que cada acorazado disparó sólo dos andanadas.
Otro elemento discutible es la afirmación de que Tovey estaba furioso,(parece también, extraída de una novela). Lo que Tovey sí dijo, irónicamente, fue que le trajeran sus dardos, para ver si podían hundirlo con ellos. No obstante, el Bismarck estaba destruido, y tarde o temprano, su casco terminaría hundiéndose. Al poner proa a Gran Bretaña, Tovey cursó la orden de que todo buque que dispusiera aún de torpedos, debería aproximarse al Bismarck y torpedearlo. Fue una orden en general, y no sólo para el Dorsetshire. Sucedió, simplemente, que ése era el único navío en el lugar que disponía de torpedos.
Las pérdidas alemanas y británicas fueron más amplias que las mencionadas. El 28 de mayo la aviación alemana hundió al destructor Mashona (uno de los que habían acompañado al Rodney y que navegaba junto al Tartar a doce nudos por falta de combustible) con 45 o 46 muertos (no recuerdo bien). Por su parte, la Royal Navy, que había capturado la máquina de cifrar del U110, hundió a los seis barcos aprovisionadores que habían tomado parte en la operación Rheinubung. Dicho sea de paso, Ludovic Kennedy navegaba en ese momento en el Tartar.
Otro detalle menor es que el Scharnhorst fue hundido por un solo buque pesado, el Duke of York. Los otros navíos que tomaron parte en la batalla del Cabo Norte eran cruceros o destructores.
Tampoco estoy muy de acuerdo con la afirmación que la artillería del Bismarck (o la alemana en general) fuera tan superior, sólo porque podía encontrar el blanco antes. Es cierto que así sucedía; pero una vez encontrada la puntería, los navíos británicos podían mantenerala, en tanto que la alemana era más errática. El combate del 27 de mayo es una muestra de ello. El tercer oficial de artillería del Bismarck, Müllenheim Rechberg, que sobrevivió a la acción, contó que cuando le informaron de la destrucción del control principal, y él comenzó a dirigir el tiro desde el control posterior, decidió disparar contra el KGV. (Schneider había estado disparando sin éxito contra el Rodney). Müllenheim Rechberg ha relatado que su primera salva centró al KGV (una corta y tres largas), pero que sus siguientes salvas fueron menos precisas (ahí está lo errático del sistema de tiro alemán) hasta que el control posterior fue destruido y las torres C y D continuaron disparando con control local. En cambio, Müllenheim Rechberg dice que los británicos tardaron mucho en encontrar el blanco, pero que cuando lo hicieron, comenzaron a lograr impactos con regularidad. No he leído en ninguna parte, que en la batalla del Cabo Norte, se hayan producido problemas en la artillería del Duke of York
En fin, lo interesante es que el debate se realice.
Por suerte, he podido conseguir un ejemplar en buen estado del libro que he citado de Ludovic Kennedy (ya son muy difíciles de encontrar incluso en Argentina). El ejemplar que poseía estaba muy deteriorado y le faltan seis página, pero aún se puede leer. Creo recordar que vivís en Costa Rica. Si me das una dirección de correo, puedo enviártelo de regalo, ya que supongo que serás alguien que valore el contenido del libro, uno de los mejores y más objetivos que se publicaron sobre el tema. (y veo que en la bibliografía no está mencionado)
Saludos
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